La Alhambra de Granada es, sin duda, una de las grandes maravillas del mundo. Se trata de uno de los ejemplos de arquitectura islámica en la Península Ibérica mejor conservados y valorados, con una extraordinaria belleza tanto exterior como interior. Sus jardines, pasajes y estancias dejan a cualquier visitante con la boca abierta y, aún a día de hoy, siguen escondiendo secretos.
No se trata de ninguna frase hecha. Tanto es así que varios científicos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) en Suiza han revelado gracias a una minuciosa investigación la riqueza y complejidad de los muqarnas de la Alhambra.
Pero, ¿qué son estos elementos? Se trata de una forma de bóveda ornamentada propia de la arquitectura islámica compuesta de decenas de pequeñas piezas de diferentes formas que dan lugar a un mosaico infinito de combinaciones finales. Una técnica que comenzó a usarse en el siglo IX y que está presente en innumerables países de toda la cuenca mediterránea y Oriente Próximo, donde los árabes se asentaron y establecieron su cultura hace siglos.
Pese a ello, estos elementos no son muy conocidos por los arquitectos, por lo que su mantenimiento muchas veces es complicado. Pero esta nueva investigación garantizará, según los autores de la misma (Ignacio Ferrer Pérez-Blanco y Marie-Pierre Zufferey), la sostenibilidad de la Alhambra en el tiempo.
La ayuda de la digitalización
Tal y como decimos, a pesar de su frecuencia en diferentes construcciones, la complejidad de las composiciones de muqarnas está poco documentada. Es más, los mejores “manuales” para entender las formas empleadas, las proporciones o los perfiles utilizados son dos manuscritos del siglo XVII (Fray Andrés de San Miguel y Diego López de Arenas), así como en un estudio de 1842.
Así, los investigadores compararon la información de estos tratados, además de con cinco capiteles de muqarnas en el edificio nazarí, para comprender los pasos y los datos necesarios para construir estos elementos. Primero recogieron los datos in situ usando un escáner 3D para, a continuación, crear una serie de reconstrucciones digitales a partir de fotogrametría.
El último paso fue grabar cuatro de esos ejemplos en piedra para obtener todas las probabilidades de enfoque. “Esta etapa fue fundamental para conocer todas las fases, los problemas geométricos encontrados y llegar al resultado final”, asegura Ignacio Ferrer Pérez-Blanco en el comunicado que ha compartido la EPFL.
Al comparar sus resultados con los manuscritos, descubrieron que la información a veces es falsa, parcialmente correcta o incompleta. “Encontramos 16 formas tridimensionales diferentes en estos capiteles, mientras que siete normalmente se consideran suficientes, así como una pieza asimétrica aún no descrita”, ha asegurado el científico.
De este modo, los muqarnas son un poco menos complejos y todo el trabajo realizado ha permitido digitalizar nuevos datos y hacerlos accesibles para futuras investigaciones. Unos resultados y una metodología que servirán de base para otras composiciones más complejas, y seguir descubriendo secretos de la Alhambra y de los muqarnas occidentales.
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